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martes, 8 de junio de 2010

MEJORAL PARA LEER

(Cuento)

Esta es la historia de un niño que vivía en Los Horcones, un cantón muy bonito, ubicado en la parte alta de uno de los cerros en el occidente del país. Vivía en el campo junto con sus padres: su mamá y su papá. Su mamá se llamaba Angela y su papá se llamaba Aquilino. El niño se llamaba Gil y de cariño le decían Gilito. Una vez un familiar, pariente no muy lejano de él, lo invitó a que fueran al pueblo. El pueblo más cercano que había era Texistepeque, pero para hacerlo más fácil de pronunciar solo le decían Texis. Lo invitó para que le ayudara con unos comprados que tenía que hacer en el pueblo y con las bestias de carga para transportar los comprados.

Por la mañana muy temprano el niño se preparó para estar listo para el viaje, a la hora que pasaran a recogerlo para irse a Texis, como le decían al pueblo. Cuando llegó su tío. El tío Pedro, se fueron juntos, iban a caballo caminando por las veredas y caminos cantonales.

Cuando llegaron al pueblo, lo primero que vio en la pared de una de las casas, que por cierto pertenecía a un señor que le decían don Choto, era un gran rótulo grande con fondo amarillo y letras negras. El niño nunca había visto algo semejante, por lo que le llamó poderosamente la atención. Al acercarse vio que el rótulo tenía letras, y entonces el niño dijo para sí mismo, ayyyy, cómo me gustaría poder leer para saber lo que allí dice.

Se fueron caminando en la siguiente esquina que hacía calle con otra que daba al centro del pueblo, había otro rótulo, caminaron un poco más y el niño se dio cuenta que en cada esquina había uno de esos rótulos. En el niño quedó fija la imagen de estos objetos cuadrados con fondo amarillo y letras negras. El niño pensó para si mismo: Qué galán los que pueden leer, y yo no puedo. Qué bonito será para la gente saber lo que dicen esos rótulos. Ese era el lamento de Gilito en cada esquina que encontraba uno de esos cuadrados amarillo con negro.

Su tío Pedro, aunque era un hombre muy bueno, y de buen corazón, muchas veces no era tan amable con las personas, y menos cuando le hacían pregunta que no le gustaban mucho. El tío refunfuñaba, y para no escuchar eso, Gilito, mejor ni le preguntaba.

Mientras tanto llegó el tiempo de ir a la escuela. Gilito que era un niño muy inteligente, sus padres lo sabían, por eso lo pusieron a estudiar en la escuelita del cantón. Gilito estaba feliz porque por fin iba a aprender a leer y así podía saber lo que decía su tan impresionante rótulo. Gilito estudió con mucha dedicación con uno de esos métodos que le dicen método sonoro. Eso decía Gilito.

Seis meses después, llegó el día en que por fin su tío, nuevamente lo invitó para que le ayudara con los comprados. Para entonces; Gilito ya podía leer aunque fuera lento y pausado. El niño estaba feliz, por fin sabría lo que el rótulo anunciaba. Por la mañana se preparó temprano, se despidió de sus papás y esperó ansiosamente a su tío. Desde que lo divisó se puso en pie y fue a su encuentro para no demorarse y salir rápidamente.

Por el camino, Gilito solo iba pensando en que ahora sabría lo que decía el rótulo. Su tío le hablaba, y le mostraba cosas que aparecían en el camino, pero Gilito no podía prestar atención a nada, todos sus pensamientos giraban alrededor de la figura amarilla con negro. Poco a poco fueron avanzando y por fin llegaron a la esquina de la casa que decían era de don Choto, El niño se detuvo y observó con atención, poco a poco las letras tomaron forma en su cabecita y por fin logró descubrir el mensaje, el rótulo anunciaba las pastillas de MEJORAL. Gilito estaba feliz, por fin había logrado saber por sí mismo el significado, al leer lo que estaba viendo.

Moraleja: El esfuerzo para alcanzar nuestras metas y aspiraciones nos produce satisfacción, alegría y confianza en nosotros mismos.

Blanca Irma Rodríguez
Miércoles 17 de marzo de 2010.

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